Ser grande no es cuestión de tamaño, sino de actitud

Ser grande no es cuestión de tamaño, sino de actitud

De todo lo que llevas puesto, tu actitud es lo más importante. Ella es quien te calzará los mejores zapatos para sortear las piedras del camino, será ella quien te hará saltar barreras y te hará grande. Porque una buena actitud es la fuerza que nos hace persistir, resistir y triunfar.

Nuestra actitud es esa energía interior que mueve más mentes que un batallón de hombres. No puede verse, no puede tocarse, pero se desprende en nuestras respuestas, en nuestro modo de afrontar el día a día, por muy gris que este haya amanecido.

Mi actitud está definida de una forma que si me acercas al abismo para verme caer, descubrirás que no hay debilidad alguna en mí que me haga precipitarme, que mi corazón está tan fuerte como expuesto y que ya no deseo batir más batallas inútiles.

Nuestra actitud no aparece de la noche a la mañana, en realidad, la diseña la vida a través de distintos procesos. Conforma reflexiones y valoraciones que nos hacen ver las prioridades que mejor encajan con nuestra personalidad.

El no rendirnos, el no ver oscuridades en días despejados, en afrontar la vida con resiliencia, equilibrio y afán de superación es algo esencial. No se trata sólo de ser optimistas, sino de mantener un realismo objetivo donde sepamos sacar partido de nosotros mismos.

Porque no es más grande quien más tamaño ocupa, sino quien deja un vacío mayor cuando se marcha. Esto, se forja día a día, manteniendo una buena actitud que nos haga felices a nosotros y a los demás.

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